En la Asamblea General de la ONU, realizada en el mes de setiembre pasado, durante el debate sobre la admisión de Palestina como Estado miembro, Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel, manifestó: “La comunidad internacional debe frenar a Irán antes de que sea demasiado tarde.” “Ellos (los Estados que apoyan el ingreso de Palestina a la ONU) alimentan al insaciable cocodrilo del Islam militante…nosotros insistimos en que primero debemos construir una sólida barrera para mantener al cocodrilo afuera o, como mínimo, interponer una barra de hierro entre sus fauces abiertas”
Un mes después los medios de comunicación nos informan que la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) ha emitido un informe según el cual Irán habría realizado pruebas "relevantes para el desarrollo de un artefacto explosivo nuclear" y que está comprando "información y documentación para el desarrollo de armas nucleares de una red clandestina de proveedores nucleares". “La Agencia tiene serias inquietudes sobre una posible dimensión militar del programa nuclear iraní”, escribe la AIEA. Israel y los países occidentales reaccionaron de inmediato, subrayando que el informe confirma sus acusaciones, y reclamaron más sanciones contra Teherán.
Los argumentos esgrimidos son muy parecidos a los que se hicieron para invadir Irak con la diferencia de que, después del ataque a Libia para “defender los derechos humanos”, ahora está participando directamente Israel que no tiene ningún impedimento para desarrollar armas nucleares ya que, al igual que India, Pakistán y Corea del Norte, no suscribió el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT, Nuclear Non-Proliferation Treaty) como si lo hicieron Irán y otros 187 países.
Irán tiene una gran importancia geopolítica no solo por encontrarse entre el Cercano Oriente y Asia Central, por tener acceso al Mar Caspio por el norte y al Golfo Pérsico por el sur, ser exportador de petróleo y gas natural sino también por limitar con Turkmenistán, Azerbaiyán y Armenia que formaron parte de la Unión Soviética.
Irán es una República Islámica y si es atacado por Israel y/o el llamado mundo occidental tendría fuertes e históricas repercusiones entre los musulmanes que son más de 1,200 millones de personas
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