jueves, 26 de marzo de 2009

Para no olvidar II

A continuación incluyo la segunda parte del articulo que me remitiera Herbert Morote después de su visita a Sudáfrica como parte de su empeño en crear la BIBLIOTECA VIRTUAL DEL GENOCIDIO EN AYACUCHO, que esperamos logre hacerla realidad en julio del presente año.

NO HAY FUTURO SIN PERDÓN
La pregunta que uno se hace visitando este enorme país que tiene modernas carreteras perfectamente señalizadas, cuya actividad industrial es de primer orden, que exporta automóviles, aviones, maquinaria industrial, cuyas universidades son comparables a muchas de Europa, cuyos parques nacionales están mejores cuidados que los de EEUU, en fin, que tiene muy poco de tercer mundo y mucho del primero, es: ¿Cómo pueden haber logrado esta armonía racial sin actos de venganza ni desmanes públicos? ¿Cómo fue posible retener a gran parte de esa minoría blanca propietaria de poderosas empresas y poseedora de una exquisita educación profesional y científica?
Es verdad que al comienzo de la “era Mandela” miles de blancos huyeron temerosos de ser castigados por sus crímenes. Otros emigraron porque perdieron sus abusivos privilegios. Algunos se fueron porque no soportaban tener a un negro viviendo al lado de su casa. Muchos hicieron sus maletas en busca de paz y mejores oportunidades. Sí, la emigración de blancos principalmente a Australia y Canadá fue muy grande, pero no lo suficiente como para que el país quedase paralizado. Es más, los blancos han comenzado a regresar al ver que sus pesimistas pronósticos no se cumplieron, y también porque aman a Sudáfrica, sienten que es su patria, el país donde nacieron, se criaron y donde viven sus amigos y parientes.
La respuesta a esta, llamemos, concordia, no es difícil de encontrar. Se nota por todas partes. Los negros han tomado el control del país sin emplear ninguna acción injusta, la vendetta racial que muchos blancos temían nunca ocurrió. Las instituciones del Estado como el Poder Judicial, la policía, el ejército, funcionan para garantizar el progreso de todos. Blancos y negros tienen ahora los mismos derechos y obligaciones.
Sin lugar a dudas esta reconciliación nacional se debe a la labor de liderazgo ejercida por dos gigantes de la historia contemporánea, Nelson Mandela y Desmomd Tutu, ambos laureados en diferentes años con el Premio Nóbel de la Paz como reconocimiento a su lucha contra el apartheid y en favor de los derechos humanos. Una de las primeras cosas que hizo Mandela al ser elegido el primer presidente sudafricano negro, luego de haber estado preso durante 28 años, fue crear una Comisión de la Verdad y Reconciliación cuya dirección encomendó al obispo anglicano Desmond Tutu. El trabajo de la CVR se dividió en tres partes: Comité sobre las Violaciones de los Derechos Humanos, Comité de Reparaciones y Rehabilitación, y Comité de Amnistía. A pesar del necesario formalismo estos comités no actuaron como un tribunal de justicia, sino que durante sus investigaciones y audiencias públicas transmitidas por la televisión y seguidas con interés por los sudafricanos, mantuvo en todo momento un talante reconciliador usando con tacto y sabiduría el poder que se les otorgó para amnistiar a los sujetos que cometieron injusticias y crímenes.
Todo el país vio y sintió el proceso de sacar a la luz las injusticias cometidas durante tanto tiempo. Como explica muy bien el obispo Tutu en su libro No hay futuro sin perdón, luego de muchas horas de debate y negociación con los representantes blancos que controlaban la economía, las fuerzas armadas, y el Poder Judicial, se decidió que la CVR no actuase como un tribunal de justicia tipo Nuremberg porque eso causaría un resentimiento terrible entre los familiares y amigos de los acusados. Argüían que el juicio de Nuremberg solo fue posible llevarlo a cabo porque el tribunal estaba formado por extranjeros que no se quedarían a vivir en el país.
Por otro lado el nuevo gobierno no permitió que se aprobase una amnistía general, al igual a lo sucedido en varios países de América Latina para sujetos que todavía no habían sido llevados a tribunales. No, no se quiso amnistiar a los que no habían declarado sus crímenes porque por encima de todo se buscaba saber la verdad de los hechos. La reconciliación vendría después. Sabia decisión: no puede haber reconciliación ni amnistía si los responsables no declaran la verdad de lo acontecido.
El resultado de la CVR fue que 849 personas fueron amnistiadas luego que confesaran sus crímenes. Lo curioso fue que no se les exigía que se arrepintiesen para amnistiarlos, sólo que digan la verdad, eso era suficiente porque para la reconciliarse no se buscaba ni la humillación ni la venganza, solo la verdad.
El caso del cruel ex presidente P. W. Botha causó gran polémica ya que el temible “viejo cocodrilo” se negó a presentarse a la CVR diciendo que era “un circo”. Sin embargo, la comisión se apiadó de él y dejó en suspenso su sentencia debido a la apoplejía que padecía y a su avanzada edad, había nacido en 1916.
Hubo un factor característico de los sudafricanos que hizo posible esta reconciliación y es lo que ellos llaman ubunto. El obispo Tutu lo explica así*:

“ (…) ubunto es difícil de entender en idiomas occidentales. La palabra significa la verdadera esencia del ser humano. Cuando uno quiere elogiar a alguien decimos Yu, u nobuntu. Oye, ese tiene ubunto, eso quiere decir que es hospitalario, amigable, cariñoso, compasivo. Uno comparte lo que tiene. Es como decir: “Mi humanidad está cogida y unida de forma inextricable a la tuya”. Nosotros decimos: “una persona es una persona a gracias a otras personas”. Nosotros no decimos: “pienso luego existo”, sino: “yo existo porque pertenezco, porque comparto, porque participo”. Una persona con ubunto es abierta y disponible a otros. Está segura porque no se siente amenazada por otros que tengan más talento o cualidades, ya que al estar seguro de sí mismo sabe que pertenece a algo grande que sólo puede disminuir cuando son humillados o disminuidos cuando son torturados u oprimidos, o tratados como si fueran menos de lo que son”

Fuertes reparaciones económicas fueron acordadas a las víctimas a pesar de las difíciles condiciones económicas por las que atravesaba el país. Obviamente fue imposible resarcir todas las pérdidas materiales y sobretodo morales que sufrió la población negra. Sin embargo, lo que más importaba a las víctimas no era que les pagasen sino que reconociesen los crímenes, abusos y humillaciones cometidos contra ellos.
Los mensajes que la población ha recibido de la venerada, respetada y asentida CVR de Sudáfrica son básicamente tres:
1- “La verdad es el camino a la reconciliación”.
2- “Se perdona pero no se olvida”.
3- “No hay futuro sin perdón”
Claro que para reconciliarse y perdonar, el ofensor primero tiene que decir la verdad, y eso se logró en Sudáfrica.

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